Allí donde el agua alcanza su mayor profundidad, se mantiene más en calma.
William Shakespeare
Continuamos un poco más, reflexionando sobre la ansiedad.
La tendencia generalizada con respecto a ella, es buscar formas de hacerla desaparecer. Las personas que llegan a consulta con un problema de ansiedad, o aquellas personas que no acuden a terapia, pero sienten que están en un estado, considerablemente ansioso en su día a día, esperan encontrar algo que la “elimine”.
Lo que ocurre, es que la ansiedad no puede desaparecer, si aquello que la causa, no desaparece. La ansiedad es la señal de que algo no va bien. Podemos aprender a manejarla y disminuirla, a través de algunas pautas, pero va a ser un problema recurrente en el tiempo, si nunca se llega a la raíz.
Comprender esto, es clave. Aún nos resulta una verdad difícil de asumir. El dolor es parte de estar vivos; aprender a manejarse en él en lugar de evitarlo, es la forma de mantener nuestra psique sana.
Las tiritas no curan
Cuando cubres una herida con una tirita, dejas de verla. Depende del tipo de herida, pero en general, hay que mirarla, airearla y tratarla, para que no se infecte, y llegue a ser un problema mayor.
La ansiedad señala que hay una herida pendiente de sanar. Nosotros, ante ella, buscamos “tiritas” que nos sirvan para tapar lo que duele, lo que nos molesta, en un intento de autorregularnos y aliviar el dolor, buscando el “chute” de algo placentero, que baje nuestro nivel de malestar.
Alcohol, porros, los propios ansiolíticos y demás drogas, las compras, la comida, el sexo y la hiperproductividad, son algunos ejemplos de las “tiritas” que tenemos al alcance de nuestra mano, y que se suelen utilizar, para tapar por un rato, la voz de la ansiedad.
Lo que ocurre, es que la ansiedad no puede desaparecer, si aquello que la causa, no desaparece.
Y aquí está el tema, le tapamos la boca a la ansiedad, con algunos de estos parches, y ella, ante la impotencia de no ser atendida y escuchada, necesita gritar cada vez más fuerte.
¿Pautas y herramientas?
Claro que existen distintas pautas y herramientas para el manejo de la ansiedad, que pueden funcionar en un momento dado, para algunas personas.
Lo que ocurre es que, poniendo el foco en estos recursos, puede caerse en la idea de que todo sirve para todos, y entonces la persona desaparece. Nos centramos en el problema, y perdemos de vista a la persona, que hay detrás de éste.
Qué pasa cuando alguien que lleva, por ejemplo, 9 años conviviendo con la ansiedad, sufriendo crisis de pánico puntuales, ha realizado varias terapias psicológicas, ha recibido tratamiento psiquiátrico, practica la meditación en grupo, usa afirmaciones positivas antes de dormir, asiste a clases de baile semanalmente, y empieza a practicar yoga, te dice: “Nada me sirve… ¿qué hago para quitarme esto?”.
Pueden estar pasando varias cosas, pero una muy clara es que se ha atendido al problema de ansiedad, usando prácticamente todas las herramientas que se consideran eficaces ante ella, y posiblemente, se ha dejado de ver a la persona, a cierto nivel.
La situación se convierte entonces, en un protocolo de actuación para disminuir la ansiedad, que está muy bien, sin embargo, puesto que la ansiedad sigue en activo, la causa de ésta, sigue en activo. La raíz, esa herida o cuestión interna, de la que la ansiedad nos avisa, sigue sin ser vista, atendida y comprendida.
Así, el bucle de intentos de solución, se perpetúa en el tiempo, y por lo tanto, también lo hace el sufrimiento de la persona, que acumula sentimientos de ineficacia y culpabilidad.
No hay recetas mágicas
Como ves, no hay recetas mágicas, ni soluciones rápidas. Si sientes que vives con un nivel de ansiedad que te limita, impidiendo tu bienestar, entonces lo ideal es iniciar un proceso psicoterapéutico.
Para sanar, en lugar de buscar formas desconexión, necesitamos buscar la forma de conectar con nuestro mundo interno.
Abrirte a la idea de mirar dentro de ti, con acompañamiento profesional, y con la paciencia y el coraje que esto requiere, es en muchos casos, la única manera de empezar a suavizar el malestar, que la ansiedad puede estar provocándote, y también, la vía para poder dar sentido, a aquello que antes no lo tenía.
Para sanar, en lugar de buscar formas desconexión, necesitamos buscar la forma de conectar con nuestro mundo interno.
Conectar con la libertad de ser...
Tal y como yo lo entiendo, a un nivel más existencial, la ansiedad busca algo muy concreto: llevarnos a conectar con la libertad de ser nosotras mismas, a pesar del miedo.
Qué pasa si desaparecen la autoexigencia y la fantasía de perfección, qué pasa si desaparece el miedo a la soledad, la necesidad de agradar a los otros para que nos acepten… qué pasa si suelto eso de, cuánto más hago, más soy… qué pasa si se pierde el miedo a la oscuridad, a la propia sombra… Pasaría que la ansiedad se retiraría elegantemente, pensando: vale, mi misión ha finalizado.
Pero todo esto es difícil de soltar, se construyó en nosotros por algo, y para algo. Es todo un proceso liberarse de ciertas cadenas invisibles, o al menos hacerlas más blandas y flexibles.
Si te abrumas, si tu dolor te abruma, detenerse a respirar, ayuda.
Tómate un momento para ti, y respira… Lo que tú necesites… cuando tú lo necesites, estará bien.
Esta entrada tiene 2 comentarios
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
Al publicar este comentario, confirma haber leído y entendido la Política de tratamiento de datos.

Estoy totalmente de acuerdo con lo que explicas.
Personalmente, aprender a conocerme y mirar dentro de mí sin huir es lo que más me ha ayudado a vivir en paz.
Gracias.
Gracias,por leer y aportar.Me alegro muchísimo de que te sientas así,primana querida!