Tengo Ansiedad (Parte I)

La vida es una serie de cambios espontáneos y naturales. No te resistas a ellos, eso solo crea pesar. Deja que la realidad sea realidad, deja que las cosas fluyan hacia delante como prefieran.

Lao Tzu

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Tengo ansiedad. Cada vez es más común escuchar esta frase, y también decirla.
La ansiedad, está en nuestro día a día, de forma más o menos directa, y dependiendo del nivel de intensidad, puede llegar a provocar un fuerte impacto, en la persona que convive con ella.
Partiendo de la idea de que escuchar el dolor, lo apacigua, esta reflexión es una invitación a considerar que comprender la ansiedad, es de más utilidad que temerla, o luchar contra ella.
Para llegar a esta comprensión, es necesario definir qué es exactamente la ansiedad, conocer las distintas formas en las que puede presentarse y, sobre todo, asumir que una respuesta ansiosa, es señal de algo que no está bien para nosotrxs. Toca mirar ahí.
Lejos de silenciar las señales de alarma que nuestro cuerpo nos envía, el camino tiene que dirigirse a escuchar esas señales, perderles el miedo, y empezar a “bucear” en nuestro interior, para identificar la raíz de nuestros temores más ocultos.

Miedo, Ansiedad y Angustia

Miedo, ansiedad y angustia, son conceptos que, sin más remedio, se entremezclan en la mayoría de situaciones en las que la ansiedad, pasa a ser en un “trastorno” para alguien.

El miedo es una de nuestras emociones básicas (junto a la tristeza, la rabia y la alegría). En origen, se trata de un temor a algo concreto que nos amenaza en algún sentido; se teme a un estímulo real y externo.

La ansiedad, sin embargo, consiste en un estado de alarma ante un temor indefinido y difuso, que provoca una fuerte activación fisiológica, donde todo se vive con temor, y anticipaciones negativas, respecto a las distintas situaciones vitales.

La ansiedad, está en nuestro día a día, de forma más o menos directa, y dependiendo del nivel de intensidad, puede llegar a provocar un fuerte impacto, en la persona que convive con ella.

Por otro lado, la angustia, tiene que ver con una sintomatología más física; se muestra a través de opresión en el pecho, alteraciones respiratorias, problemas gastrointestinales, sofocos, mareos, etc.
También existe la ansiedad positiva. Aquí, nos salimos de lo patológico, para darle lugar a una forma de expresión sana de la inquietud, que tiene que ver con sentir curiosidad por aquello que la vida nos ofrece, con el anhelo de conocimiento, con tener intereses y desarrollarlos, o desarrollarse en ellos.
Así, podríamos hablar aquí, de una ansiedad que nos conduce hacia la autorrealización.

Posibles raíces de la ansiedad

El origen de un problema de ansiedad puede tener distintas raíces según la persona y su historia de vida.
Algunos de los motivos que pueden derivar en un problema de ansiedad, tienen que ver con lo que sigue:
  • Crisis ante una situación puntual y concreta: una enfermedad grave, problemas económicos, una separación, etc.
  • Historia familiar ansiógena: crecer en una familia donde alguno de los miembros (padre, madre, abuelos) haya sufrido ansiedad, facilita la tendencia a percibir la vida desde este estado de alerta, repitiendo patrones de comportamiento, y desarrollando los mecanismos de defensa, aprendidos en el seno familiar.

La ansiedad,  consiste en un estado de alarma ante un temor indefinido y difuso, que provoca una fuerte activación fisiológica, donde todo se vive con temor, y anticipaciones negativas, respecto a las distintas situaciones vitales.

  • Traumas; haber sufrido algún tipo de maltrato y/o abuso durante la infancia, favorece el desarrollo de problemas de ansiedad en la adultez. También carencias afectivas más sutiles, pueden llevarnos a experimentar ansiedad en algún momento de nuestra vida.
  • Acumulación de estrés (relacionado con un alto nivel de auto exigencia): imponerse un ritmo de vida que suponga un estrés para nuestro organismo, también puede desencadenar en un problema de ansiedad, ya que estamos llevando a nuestro sistema nervioso al límite, sin ser conscientes de ello.
  • Otros trastornos psicológicos, como la depresión, a menudo van acompañados de ansiedad.
  • Personalidad; es importante, aceptar que cada persona tiene una forma distinta de percibir la vida, y de vivir su emocionalidad; hay personas que tienen tendencia a sufrir ansiedad, quizás, debido a la mezcla de distintos factores, o incluso, a su biología heredada.

Cómo se ve la ansiedad

La ansiedad tiene distintas formas de expresión. Si nos centramos en un contexto puramente clínico, hay dos grandes etiquetas diagnósticas, que recogen los síntomas más conocidos de la experiencia ansiosa, considerada patológica.
Por un lado, está el Trastorno de Ansiedad Generalizada, y por otro, las Crisis de pánico o angustia (también están las fobias y el trastorno obsesivo-compulsivo, cuya base sigue siendo la ansiedad  “vestida” de distinta forma).
En el Trastorno de Ansiedad Generalizada, se experimentan tensiones musculares, hiperactivación unida a la sensación de peligro constante, aprensión, y pensamientos catastrofistas, entre otros. La persona mantiene un estado de vigilancia continuo, y vive con una alta sensación de inseguridad, y temor “ante lo que vendrá”. Esta forma de ansiedad es de carácter psicológico, tiene que ver con el pensamiento, con la forma de percibir la vida, y percibirse a sí mismo.

En las crisis de pánico, sin embargo, las señales son de carácter físico; se trata de episodios cortos, con una sintomatología somática muy aguda, que genera una fuerte sensación de pérdida de control. Aparecen taquicardias, dificultad para respirar, sudoración, vértigos y mareos, vómitos, presión el pecho, temblores, y un fuerte miedo a morir o a “volverse loco”.

Tengo ansiedad (Parte 1)
Hay personas que viven la primera situación, otras, sufren crisis de angustia más agudas, y otras, sufren las dos situaciones, viviendo en un estado de ansiedad crónico, que se acompaña de ataques de pánico, cada cierto tiempo.
Ambas expresiones de la ansiedad, tienen la misma base existencial: la pérdida de libertad por miedo a vivir.

Silenciar el dolor, nos enferma

Además de estas dos expresiones de la ansiedad, hay muchas otras, que de forma más o menos evidente, más o menos sutil, nos afectan, y nos restan salud.
Nos cuesta escucharnos, nos cuesta leer a nuestro cuerpo, y es en éste, dónde nuestras emociones existen, fluyen en él y a través de él; por el contrario, cuando estas mismas emociones son ignoradas o reprimidas, pueden aparecen en forma de dolor o enfermedad física concretos.
Es lo que conocemos como somatización.
Somatizamos, cuando un malestar psicológico afecta de alguna manera, a nuestro cuerpo o a una parte de él.
Comprender que somos un todo, da sentido a muchos de los malestares con los que lidiamos y éste es un tema, tan amplio como para necesitar una segunda parte, una continuación de esta nota, que si has llegado hasta aquí, espero que leas también.
Para no silenciar nada, y predicar con el ejemplo te diré, que es mi propia ansiedad la que no me ha permitido ser más breve aquí, y la que necesita continuar con la reflexión.
Por un lado, mi ansiedad positiva, esa que tiene que ver con la ilusión de que pueda aportar algo a alguien; por el otro, mi ansiedad limitante, que viene de  un miedo bastante más antiguo y profundo, a “no ser útil”.
Aquí… ahora… ambas están presentes…
Continuará…
Huella · SolaMente Caminando

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