Lao Tzu
Miedo, Ansiedad y Angustia
La ansiedad, está en nuestro día a día, de forma más o menos directa, y dependiendo del nivel de intensidad, puede llegar a provocar un fuerte impacto, en la persona que convive con ella.
Posibles raíces de la ansiedad
- Crisis ante una situación puntual y concreta: una enfermedad grave, problemas económicos, una separación, etc.
- Historia familiar ansiógena: crecer en una familia donde alguno de los miembros (padre, madre, abuelos) haya sufrido ansiedad, facilita la tendencia a percibir la vida desde este estado de alerta, repitiendo patrones de comportamiento, y desarrollando los mecanismos de defensa, aprendidos en el seno familiar.
La ansiedad, consiste en un estado de alarma ante un temor indefinido y difuso, que provoca una fuerte activación fisiológica, donde todo se vive con temor, y anticipaciones negativas, respecto a las distintas situaciones vitales.
- Traumas; haber sufrido algún tipo de maltrato y/o abuso durante la infancia, favorece el desarrollo de problemas de ansiedad en la adultez. También carencias afectivas más sutiles, pueden llevarnos a experimentar ansiedad en algún momento de nuestra vida.
- Acumulación de estrés (relacionado con un alto nivel de auto exigencia): imponerse un ritmo de vida que suponga un estrés para nuestro organismo, también puede desencadenar en un problema de ansiedad, ya que estamos llevando a nuestro sistema nervioso al límite, sin ser conscientes de ello.
- Otros trastornos psicológicos, como la depresión, a menudo van acompañados de ansiedad.
- Personalidad; es importante, aceptar que cada persona tiene una forma distinta de percibir la vida, y de vivir su emocionalidad; hay personas que tienen tendencia a sufrir ansiedad, quizás, debido a la mezcla de distintos factores, o incluso, a su biología heredada.
Cómo se ve la ansiedad
En las crisis de pánico, sin embargo, las señales son de carácter físico; se trata de episodios cortos, con una sintomatología somática muy aguda, que genera una fuerte sensación de pérdida de control. Aparecen taquicardias, dificultad para respirar, sudoración, vértigos y mareos, vómitos, presión el pecho, temblores, y un fuerte miedo a morir o a “volverse loco”.

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