Gestión de emociones cinco: la alegría

Encuentra el éxtasis en la vida; la mera sensación de vivir es alegría suficiente.

Emily Dickinson

Estamos en junio, y también, en el momento de hablar sobre la última emoción pendiente de esta cadena de cuatro: la alegría. Junio siempre ha sido mi mes favorito, un mes que he asociado a momentos alegres; el inicio del verano, mi cumpleaños, las fiestas del pueblo…todas cosas que significan, estar alegre y compartir momentos. Así, no debe ser casualidad, que sea esta la emoción sobre la escribo, justo en este mes.
La alegría es una emoción que nos da energía, que nos invita a compartir, y a través de la que nos permitimos disfrutar, abriéndonos al mundo; nos pide contactar con los demás. Es por eso que a veces queremos agarrarla y que se quede para siempre, pero como ya sabes, esto no es posible, puesto que como emoción viene, cumple su función, y se va hasta la próxima, al igual que el resto de sus compañeras (tristeza, ira, miedo), siempre y cuando, no impidamos que sigan su curso natural.

La función de la alegría

Como el resto de emociones básicas, las cuales nos acompañarán toda la vida, la alegría trae consigo una función importante para nuestra supervivencia; en concreto y en origen, la capacidad de sentir alegría, cumple una función reproductora y socializadora. En definitiva, nos permite crear vínculos.
Así, cuando estamos alegres buscamos al otro, queremos contacto, compartir el momento, celebrar, reír, abrazar. Es un estado de expansión y apertura hacia el mundo, que nos facilita conocer personas, acercarnos a ellas, mostrar quienes somos, buscar el disfrute compartido, etc. Todo esto nos ayuda a crear comunidad, o sentir que pertenecemos a una (función socializadora), y también, nos abre hacia la ternura, el erotismo y la curiosidad, presentes a la hora de unirnos a alguien (función reproductora).
La alegría es una emoción que nos da energía, que nos invita a compartir, y a través de la que nos permitimos disfrutar, abriéndonos al mundo; nos pide contacto con los demás.
Ahora bien, no tendría sentido estar todo el tiempo creando vínculos, esto no es sostenible para nosotrxs, ni para el mundo. Por eso, la alegría es una emoción dinámica y no estática. Pretender estar siempre alegres no es algo que se ajuste a la realidad, no tiene sentido evolutivamente hablando.
Así, tan importante es ser capaces de conectar con la alegría, como de dejarla ir, para dar espacio al resto de emociones, y vivir todo lo que la vida nos pone delante, conscientes de ello, y abiertxs a experimentarlo.

Alegría y euforia

Se suele confundir con frecuencia, estar alegres con estar eufóricxs. Ambas tienen una parte común, esa que tiene que ver con el gozo, querer celebrar y el disfrute. Pero son, en otra parte, totalmente opuestas.
Como hemos visto, en estados alegres, nos conectamos con el mundo, estamos abiertxs a disfrutar lo que sea que nos ofrece ese instante en el sentimos la emoción, y somos capaces de buscar la conexión con aquellxs que tenemos cerca; hay conciencia de la realidad, y la estamos “paladeando”.
La euforia, sin embargo, es un estado que nos lleva a desconectarnos del otrx, e incluso de nosotrxs mismxs. En cierta manera estamos “tan arriba” que perdemos parte de la realidad, perdemos una buena dosis de conciencia, mientras nos dejamos arrastrar por los distintos estímulos que parecen satisfacernos en el momento, satisfacción que no tarda mucho en desaparecer, quedando entonces ese “vacío”, que acaba dejando todo lo que no es auténtico.
Existen muchos matices aquí, por supuesto, todxs nosotrxs tenemos momentos en los que nos sentimos eufóricxs bajo alguna situación, y está siendo una alegría amplificada real, pero no es un estado que dure mucho, y, además, existe un punto problemático: nos ponemos a buscar estados de euforia, creyendo que eso tiene algo que ver con la felicidad. Nada más lejos de la realidad.

La serenidad: alegría calmada

Frente a la alegría exacerbada que es la euforia, existe una alegría sútil y calmada: la serenidad.
La serenidad es un estado de calma, tranquilidad y reposo, que protege nuestra energía, y nos permite observar aquello que está ocurriendo dentro y fuera de nosotrxs, con claridad, y, por lo tanto, con una mayor capacidad de comprensión hacia ello.
Imagínate andar súper alegres y eufóricos constantemente, nos agotaríamos y agotaríamos a quienes nos rodean. De la misma manera, andar siempre tristes y en un estado depresivo, nos agota y puede agotar a quienes nos rodean.
Es por eso que necesitamos encontrarnos con la serenidad, para preservar nuestra energía vital. En un estado de serenidad, hay descanso y tranquilidad, nuestro sistema nervioso deja de ir estresado, ya sea por mantenerlo «arriba» demasiado tiempo, o por estar muy «abajo». Así, en este punto intermedio, se disfruta de una verdadera sensación de bienestar.
Gestion de emociones cinco: la alegría
Más que buscar estados de euforia, o que nos sucedan cosas alegres todo el tiempo, se trata de cultivar nuestra capacidad de sentirnos serenxs.
Es viviendo desde la serenidad cuando, como dice Emily Dickinson, “la mera sensación de vivir, es alegría suficiente”.
Huella · SolaMente Caminando

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Miriam

    Preciosa reflexión, cómo todas las anteriores, es verdad que el comienzo del verano siempre es alegría, las vacaciones nos provocan euforia y la playa serenidad. Me ha encantado, gracias por escribir estas cosas

  2. Encarna

    Maravillosa explicación, releído y me ha gustado mas ,bravo, un abrazo

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