Nuestro estilo de apego viene con nosotras; es una forma de sentir bien interiorizada, que se construyó a una edad muy temprana, pasando a formar parte de todo ese andamiaje interno, que sostiene lo que mostramos ser.
Una de las cosas que condiciona nuestro mundo emocional adulto, es la forma en la que nos amaron. Aprendemos a querer, en base a cómo nos quisieron.
Existen relaciones de pareja que nada tienen que ver con el amor, y existen relaciones de pareja donde hay amor del bueno.
Los vínculos afectivos nos alimentan el alma, ayudan a conservar nuestra humanidad, nos permiten sentir apoyo, compañía y cariño, y también, nos permiten darlo.