El buen amor se reconoce ,porque en él, somos exactamente como somos, y dejamos que el otro, sea exactamente como es.
Joan Garriga
Acabamos de echar una mirada a la importancia de los vínculos afectivos, en la última nota, y como una cosa lleva a la otra, nos toca profundizar en el vínculo afectivo que juega el papel protagonista en nuestra adultez: la pareja.
La pareja, es un tema que nos lleva de cabeza, independientemente de cuál sea nuestra situación, es decir, ya vivamos en pareja o en individual, este tema, influye en nuestra vida de formas distintas, y a muchos niveles.
Una relación de pareja, es un vínculo que se basa en aspectos como la confianza, el respeto, la intimidad, la sexualidad, el compromiso y los proyectos en común.
Entendemos que, en una relación de pareja que perdura en el tiempo, existe amor; lo que no siempre sucede, es que se trate de amor del bueno, de ese, que como expresa la frase del principio, permite que seas quién realmente eres, mientras aceptas al otro, como realmente es, eligiendo ambos compartir camino, siempre que este compartir, sume al camino individual de cada unx.
Existen relaciones de pareja que nada tienen que ver con el amor, y existen relaciones de pareja donde hay amor del bueno, y de éste, va esta reflexión.
Las cuatro etapas del amor
Vamos a definir las cuatro fases del amor, en base a la descripción que hace de ellas, Joan Garriga, Psicólogo humanista, Terapeuta Gestalt y experto en Constelaciones familiares, entre otras cosas. Él es quien ha inspirado este escrito, e intuyo que me guiará, sin saberlo, en más de un momento de autorreflexión.
Estas cuatro fases del amor son el enamoramiento, la elección, el compromiso, y la entrega.
En la fase de enamoramiento nos cegamos; la química hormonal hace su trabajo, y queremos estar cerca de esa persona todo el tiempo. Hay una especie de idealización del otro, en la que vemos sus virtudes, y no somos capaces de captar ningún defecto, o cuestión que nos aleje.
Precisamente ésta, es la función de la cascada química del enamoramiento, cegarnos para acercarnos, y abrir así, la posibilidad de crear un vínculo.
Una vez va desvaneciéndose el enamoramiento, entramos en la elección y aceptación de la persona, pues empezamos a ver aquello que no nos gusta tanto, y aspectos que nos diferencian. Decidimos elegirla, con todo lo que trae, y mostrarnos ante ella, con todo lo que traemos.
Si la relación avanza, entramos en la etapa de compromiso. Esto significa algo así: nuestra unión es más fuerte que nuestra propia familia de origen, tu y yo formamos una familia y vivimos en base a ella y cuidando de ella, convencidos de que es donde queremos estar.
En la fase de enamoramiento nos cegamos; la química hormonal hace su trabajo, y queremos estar cerca de esa persona todo el tiempo. Hay una especie de idealización del otro, en la que vemos sus virtudes, y no somos capaces de captar ningún defecto, o cuestión que nos aleje.
Por último, vendría la fase de entrega; ésta es una etapa difícil de alcanzar, y quizás no muchas parejas lleguen a este punto, porque se rompan antes, o porque queden en una etapa anterior. La entrega, tiene un sentido trascendente, es una fase que tiene que ver con el mundo espiritual de cada miembro de la pareja, si han conectado con éste. Desde aquí, el deseo de que el otro esté bien y sea feliz, es mucho más grande, que las propias necesidades y que los propios anhelos.
El sentir, en esta fase sería algo así: respeto tu propio camino y lo que la vida decide para ti, para que crezcas y sientas plenitud, independientemente de mí.
Qué se necesita para que sea amor del bueno
Joan Garriga, nos habla de cinco condiciones para acercarnos al buen amor. Quizás no siempre se cumplan todas al mismo nivel, sin embargo, es una buena idea tenerlas como guía.
La primera condición es que sea fácil, que las cosas fluyan de forma cómoda, sin entrar en luchas excesivas, mientras creamos la relación. La segunda condición, es la compatibilidad; es necesario que exista cierto nivel de compatibilidad entre ambos. Si hay demasiadas diferencias en lo importante, no va a ser posible crear un espacio en común, al menos uno agradable.
El tercer pilar es el acompañamiento, es decir, que los miembros de la pareja sean compañeros de camino, amigos, con afinidades, gustos, formas de disfrutar en común, y entendimiento en sus inquietudes, anhelos y dolores.
La cuarta condición es la confianza plena en el otro, lo que significa que tengo claro que mi pareja no va a dañarme, por lo que no necesito protegerme, y vivo la relación desde la tranquilidad.
Y la quinta y última condición, y quizás la más complicada, tiene que ver con la etapa de la entrega, y se trata de desear de forma natural que el otro esté bien, por encima de las propias necesidades y deseos.
Nadie es responsable de tu felicidad, ni culpable de tu infelicidad
Todavía nos persigue la idea, de que el sentido de tener pareja, es que esa persona nos complete, y nos haga felices. Esta es una idea infantil, que tiene que ver con una visión de las relaciones mágico–romántica, y, por lo tanto, no real.
Somos seres completos. Una vez adultxs, nosotrxs creamos nuestro propio cielo, y nuestro propio infierno. Cuando aparece alguien con quien compartir camino, por el tiempo que sea, lo deseable es que se trate de un encuentro entre adultos, y no entre dos niñxs heridxs –que no saben que lo están– y que esperan ser salvadxs o salvar.
La quinta y última condición, y quizás la más complicada, tiene que ver con la etapa de la entrega, y se trata de desear de forma natural que el otro esté bien, por encima de las propias necesidades y deseos.
El buen amor tiene que ver con la madurez de las personas que formen la pareja. La madurez de éstas, tiene que ver con lo conscientes de sí mismas, que sean capaces de ser.
Esta conciencia lleva a vivir la relación desde la libertad y la aceptación de lo que cada unx es, y desde ahí compartir juntos la vida, mientras este “juntos”, suponga crecimiento, apoyo, y disfrute.
Esta entrada tiene 6 comentarios
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
Al publicar este comentario, confirma haber leído y entendido la Política de tratamiento de datos.

Q fácil de leer y tan difícil de hacer.
Si querida amiga, compartir camino con alguien tiene su complejidad , y ésta es justo la que hace que una relación de pareja sea real ,y nos permita crecer ,que es nuestra naturaleza.
Lo fácil y rápido ,suele acabar generando más vacío que otra cosa. Aún esta muy normalizado mantener relaciones sin amor, y seguir en historias que no nos satisfacen, para cumplir con los «mandatos sociales» y «familiares» ,que aún llevamos encima.
Abrazo fuerte ,y gracias por tu acompañamiento !
Muy interesante M. Jesús. Gracias.
Me alegro. Gracias a ti por leer.
Abrazote!
Que interesante y acertado lo que nos cuentas. Gracias por exponerlo tan amablemente. Nos ayudas a seguir creciendo, aunque seamos ya mayores.
Un abrazo de corazón
Gracias a ti por tus palabras María José, estamos creciendo mientras estamos vivos ,no importa la etapa vital ,tenemos esa posibilidad, ese poder diría.
Me alegra mucho que te resulte útil .
Un abrazo!