Luz en la oscuridad

Las almas más grandes son tan capaces de los mayores vicios como de las mayores virtudes.
René Descartes
Sabemos cuándo nos encontramos con una de esas personas que transmiten luz, a los pocos minutos de compartir espacio con ellas. Yo las llamo personas de alma grande.
No sé cómo explicar teóricamente que es un alma grande, sin embargo, sé cuándo estoy con una y seguro que tú también. Diría que son personas que trasmiten verdad, que sonríen desde dentro y que encierran cierta sabiduría en su interior, independientemente de la edad y la historia de vida que les acompañe.

Un alma grande puede estar en cualquier lugar, en cualquier situación, e influir a su manera en lo que le rodea, de forma natural e inevitable.

Lo que notamos cuando estamos con una de estas personas, es una sensación, más que un pensamiento. No pensamos, ¡estoy con un alma grande!, sencillamente lo sentimos, percibimos que de alguna manera nos “nutrimos” cuando estamos cerca de ella.

En realidad, es algo de lo más humano y común que esto ocurra, porque todos tenemos alma, y levantar las capas que la cubren, a ratos, la dejan crecer y expandirse. Y en esa expansión conectamos con el otro, somos capaces de ver más allá de la apariencia y de las circunstancias, y surge así, un sentimiento de comprensión mutua.

Tras los muros

Tras los muros de una cárcel, hay oscuridad. Dolor, carencias, trauma, violencia, rabia, frustración, tristeza, ansiedad, odio, confusión…. Todo esto es una parte. Y también existe luz. Y almas grandes.

Un alma grande puede estar en cualquier lugar, en cualquier situación, e influir a su manera en  lo que le rodea, de forma natural e inevitable.

Tienen que ocurrir dos cosas para poder verlas. Una es estar dispuesto a mirar, y escuchar con el corazón y con los ojos, además de con el oído.  Básicamente, poner en juego nuestra capacidad de comprensión, en el más amplio sentido de la palabra.
La otra, es que esa alma, encuentre en algún momento, la suficiente fortaleza y conciencia de sí misma, como para empezar a mirar los escombros de su interior, sacar los que le sobran y reconstruirse muy poco a poco.  Básicamente, poner en juego la capacidad de comprenderse a sí misma, en el más amplio sentido de la palabra.

Reconstrucción interna

Veo cada día como hay personas, que empiezan un camino de reconstrucción interna, un camino que les lleva a conectar con su luz.
Cuando hablo de luz, hablo de sentimientos de alegría y de respeto; hablo de ganas de cuidarse y de cuidar, de aprender, de crecer y de cumplir sueños; hablo de empezar a sentirse útiles, reconocidos y dignos de afecto.
Estas transformaciones internas, resultan brutalmente inspiradoras y de alguna manera contagiosas. Ver como alguien decide empezar a lidiar con sus sombras, buscándose a sí mismo, y como aparecen todas esas luces que andaban ocultas, es un verdadero privilegio.
Con o sin muros de por medio, todos tenemos miedos ocultos, emociones no expresadas y heridas por cicatrizar.Con o sin muros de por medio, la comprensión hacia nosotros mismos y hacia los demás, nos ayuda a encontrar la luz en la oscuridad.

El papel de la comprensión

Sentirnos comprendidos es una necesidad humana y cuando esto ocurre, notamos una sensación de calma y bienestar, que resulta terapéutica en sí misma. De repente, que alguien “nos vea”, de alguna manera valida nuestra existencia.
Esta comprensión de la que te hablo, puede darse en una charla con un desconocido, con tu mejor amiga, o en una sesión con tu terapeuta. No importa cuál sea la situación y con quién. Lo importante, es tener la certeza de que se nos escucha, sin juicio, y teniendo en cuenta de dónde venimos, que es lo que cargamos a la espalda y cuál es nuestra forma de sentir. Desde ahí, somos más capaces de comprendernos unos a otros, aun pensando distinto o teniendo roles opuestos, o que se yo, religiones diferentes.
De la misma manera, que sentirnos realmente “vistos”, nos sana, la ausencia de comprensión, ese sentimiento de que nadie “ve” lo que nos pasa por dentro, hiere. Esta herida se abre en nosotros a edades muy tempranas y puede mantenerse a lo largo del tiempo, sin que sepamos está ahí.
Profunda e invisible, la falta de comprensión, condiciona nuestra forma de vivir de muchas maneras distintas. Ahora bien, en el momento en que nos atrevemos a mirar en nuestro interior y a conectar con nuestra oscuridad (heridas internas, rabia, inseguridades, miedos), entonces, aparecen nuestras luces.

Almas grandes en potencia

Me gusta pensar que la mayoría de nosotros somos “almas grandes en potencia”, al menos así lo percibo yo, cuanto más me adentro en el mundo interior de aquellos que me lo permiten.
En el momento en que alguien se abre a mirarse dentro, enfrentándose a sus sombras, y, además, va encontrando la manera de comprender porque están ahí, y cómo condicionan su forma de vivir hoy, consigue también conectar con su fortaleza interna.

Conectar con esta fortaleza interna, que muchas veces no sabemos que tenemos, es necesario para poder cicatrizar las viejas heridas que aún siguen abiertas. Según vamos cicatrizando, vamos liberándonos de aquello que nos limita. De alguna manera, ponemos luz a lo que antes no podíamos ver.

 

Luz en la oscuridad · SolaMente Caminando · Blog de psicología y autoconocimiento
Alguien que empieza a transitar su propia oscuridad, se encuentra con su luz y, además, según avanza en este autodescubrimiento, también gana en facilidad para percibir las luces ocultas de otros. En definitiva, su capacidad para comprender a los demás es mayor, a medida que va comprendiéndose a sí misma. No cabe duda. Y ya hemos visto, lo importante que es esto de la comprensión, si no queremos vivir “ciegos”.
El intento de reflexión, en voz alta, que ha acabado escrita aquí, puede entenderse mucho mejor con una frase de Carl Gustav Jung:
“Nadie se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad”.

Y bueno, ahora que lo pienso, tiene mucho sentido entonces, que existan “almas grandes”, en los lugares más oscuros.

Huella · SolaMente Caminando

Esta entrada tiene 8 comentarios

  1. Maria Jesús Pérez Macanás

    Quizá muchas personas no saben que son o tienen cerca un alma grande, por la sencilla razón de no saber tan siquiera de su existencia.
    Gracias a estas palabras, ahora al menos, sabré ponerles nombre cuando me las encuentre.

    Y no es lo único que agradezco de haber leído estas Grandes palabras, quizá es la reflexión más pequeñita que he hecho de todo lo que he leído.
    Me ha hecho hacer unas cuantas más.
    Gracias por ello.
    Suerte con este nuevo proyecto, aunque me da, que no la necesitas.

  2. Encarna

    Que bueno , super bueno, este blog. SERÉ SIN DUDA LEYÉNDOLO

  3. Marga

    Grande , alma grande. No podías denominar mejor a esas personas y a esa sensación. Adelante en este proyecto, te apoyamos, porque tú lo vales.

  4. Antonio

    Hola!! Me ha encantado este artículo. Personalmente siento que describe muy bien el camino que nos lleva de nuestra oscuridad interior a ver nuestra luz. Y sobre todo lo de que todas las personas, hayan hecho lo que hayan hecho (oscuridad) tienen luz. Un abrazo

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