La persona que quieres ser

Se necesita coraje para crecer, y ser quien realmente eres.

E.E. Cummings

El deseo de evolución es condición humana. Nuestra naturaleza nos pide crecer y evolucionar, para sentirnos realizadxs, y percibir que nuestra vida tiene un sentido. Hay un motor interno hecho de deseos, anhelos, e inquietudes, que nos hace buscar ciertos resultados, ciertas situaciones, cierto bienestar.
El deseo de evolucionar no está reñido con aceptarse incondicionalmente, de hecho, cuanto más capaces somos de aceptarnos sin condiciones, mejor decidimos aquello que queremos crear o reinventar, para nosotras, y en nosotros.

Construir nuestro camino, el que sea que deseamos, se hace dando pequeños pasos; es la repetición y el ritmo constante de estos pasos, lo que nos acerca a eso que queremos. Es cuando caminamos hacia esa dirección que parte de lo que ya somos, y que tomamos de forma consciente, cuando realmente nos vamos acercando, a la persona que queremos ser.

Los pequeños hábitos

La persona que eres hoy se compone, entre otras cosas, de pequeñas acciones, decisiones diarias que van definiendo como vives. La persona que quieres ser, se construye también, mediante pequeñas acciones, que te acercan, o te alejan de lo que verdaderamente deseas para ti.
Lo sé, es una afirmación simplista, y que no parece suficiente respuesta, para lo que el título de este post anuncia. Sin embargo, hay una parte práctica y tangible en esta idea de encontrarse a unx mismx, e ir evolucionando así, hacia aquello que deseas. Me refiero a los pequeños hábitos que implementamos en nuestra rutina, muchas veces sin ser conscientes de ello, y de que la suma de todos ellos, esculpen nuestra vida.

La persona que eres hoy se compone, entre otras cosas, de pequeñas acciones, decisiones diarias que van definiendo como vives. La persona que quieres ser, se construye también, mediante pequeñas acciones, que te acercan, o te alejan de lo que verdaderamente deseas para ti.

Lejos de lo pueda parecer, adquirir hábitos de forma inteligente, y con esto quiero decir, de forma consciente, nos hace más libres. Libres para elegir como queremos vivir, en base a nuestra identidad.

Nuestra identidad

Con qué te identificas, cuáles son los valores que te mueven, qué es importante para ti, qué te hace sentir bien, qué es eso que al imaginártelo te hace sonreír…
Todas son cuestiones que nos invitan a reflexionar y observar hacia dónde queremos dar nuestros pasos en cada momento vital.
Inevitablemente, los primeros hábitos que adquirimos, pertenecen a nuestro círculo más cercano, a nuestro entorno y nuestra cultura. Esta es una forma de supervivencia, buscamos pertenecer al grupo y entonces imitamos.
Pero según crecemos, y vamos tomando conciencia de nosotrxs mismsxs, podemos elegir, de qué pequeñas acciones queremos que este hecho nuestro día, pues son éstas, las que repetidas en el tiempo conforman nuestra vida, y de alguna manera nuestra identidad.
Así, acabamos creando una identidad en base a aquellas acciones que repetimos, y apenas nos damos cuenta de ello. Y, por lo tanto, tampoco nos damos cuenta de que depende absolutamente de nosotrxs, cambiar o flexibilizar esa identidad, en la dirección que mejor nos haga sentir, y las veces que necesitemos hacerlo.

Un pequeño ejemplo

Vamos a visualizar la siguiente situación:
Juan es un hombre de 42 años que trabaja en una empresa de venta de coches. Le da mucha importancia a la salud, y le gusta sentirse con energía y vitalidad, para poder hacer bien su trabajo, y luego llegar a casa y disfrutar unas horas de su familia. Hace unos años empezó a madrugar bastante, para salir a caminar antes del amanecer, con todo en silencio. Se dio cuenta de que le sentaba bien física, mental y emocionalmente. Era una hora para él, antes de empezar a darse a los otros.
Pedro, es compañero de trabajo de Juan, tienen la misma edad. Siempre dice que le gustaría sentirse más fuerte y enérgico, que anda reventado, y que la vida no le trata bien, porque no le deja tiempo para nada.
Hace unos años, Pedro empezó a beber cerveza por las noches. Llegaba estresado a casa, y se quitaba el malestar tomando algunas latas mientras cenaba y también de postre, y así sigue. Llega acostarse a los 1 o las 2 de la mañana cada día con un litro y medio de cerveza en el cuerpo. No duerme bien, ni tampoco suficiente. Llega al trabajo cada día con ojeras y cabreado con el mundo. Siempre anda diciéndole a su compañero Juan, “que suerte tienes tío, la vida te trata bien.”
En algún momento Juan tomó conciencia de lo que era importante para él y pensó en una pequeña acción que le ayudara a conseguirlo, consciente del efecto del hábito elegido, en su bienestar.
En ningún momento Pedro ha tomado conciencia de que su hábito de acostarse tarde y bebido le impide vivir como le gustaría. Cada día su queja es que la vida le trata mal, y aún no ha visto, que él está tratando mal su vida.
La persona que quieres ser · Solamente Caminando

Responsabilidad = Libertad

No es la primera vez que uno estas dos palabras aquí, ni va a ser la última. Ambas van de la mano. A mayor capacidad para responsabilizarte de ti y de lo tuyo, mayor libertad..
Así, no restes importancia a las pequeñas acciones, a esos hábitos cotidianos que componen tu día. Míralos y pregúntate qué te están dando, y qué te están quitando. Busca tu propia forma, tu propio ritmo, y toma acción.
Según crecemos, y vamos tomando conciencia de nosotrxs mismxs, podemos elegir, de qué pequeñas acciones queremos que esté hecho nuestro día, pues son éstas, las que repetidas en el tiempo, conforman nuestra vida, y de alguna manera nuestra identidad.
No hay mal o bien, hay conciencia o no la hay.
Obsérvate en lo cotidiano, en las pequeñas acciones, éstas pueden acercarte o alejarte, de la persona que quieres ser, o lo que es lo mismo, olvidarte o tener en cuenta, la persona que realmente eres.
Huella · SolaMente Caminando

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