Lo que somos, se lo debemos al afecto.
Dalai Lama
Una de las cosas que condiciona nuestro mundo emocional adulto, es la forma en la que nos amaron. Aprendemos a querer, en base a cómo nos quisieron, al menos, en parte, y en un primer momento.
Nuestro guion de vida, (inconsciente, a no ser que hagamos el trabajo de hacerlo consciente), va dirigiendo nuestros pasos, en esto de vincularnos, con más o menos seguridad, con más o menos ansiedad, con más o menos miedo.
Entonces, ¿quiere decir esto que estamos condenados a vivir prisioneros de estos patrones adquiridos, por siempre y jamás? ¿Se puede aprender a amar de una forma sana y madura, si no nos han amado así?…
Hace unas semanas, fui con unos amigos a ver una exposición en el barrio. El artista se llamaba Rafa García, y su exposición “El niño soy yo”. Hacía referencia a la infancia, a través de cuadros abstractos, mucho color, bolas por el suelo… y de repente, una serie de palabras unidas en la pared, captó nuestra atención por un rato; la frase decía:
«Somos lo que hacemos con lo que hicieron con nosotros».
Léela otra vez… es una buena respuesta para las preguntas de arriba.
El apego y su función
Fue Jonh Bowlby, psiquiatra y psicoanalista, quien elaboró la primera teoría del apego (1969-1980); en ella, describe cómo influyen las experiencias tempranas, y la relación con la figura vincular central (normalmente la madre) en el desarrollo del niño.
Otra figura importante, para lo que nos ocupa, fue la psicóloga Mary Ainsworth, quien, a través del experimento de la situación extraña, en el que observaba a madres con sus bebés, nos regaló la clasificación de los diferentes apegos, que veremos más abajo.
Ambos, son los padres y descubridores de lo que intento trasmitir aquí. Puedes leer sobre ello, si te interesa profundizar; es realmente interesante y útil. Aquí, ahora, antes de adentrarnos en los distintos estilos de apego, y en cómo nos influyen, vamos a clarificar qué significa éste, y para qué sirve.
Podemos definir el apego como, la habilidad para crear un vínculo emocional y físico hacia otra persona, que da el sentido de estabilidad y seguridad necesario, para crecer y desarrollar nuestra personalidad.
«Somos lo que hacemos, con lo que hicieron con nosotros».
Necesitamos al menos una figura de apego para sobrevivir, cuando venimos al mundo, es por eso, que las primeras figuras de apego, en la mayoría de los casos, son nuestros padres. Ellos son los encargados de darnos ese sentido de estabilidad y seguridad, que nos permite crecer y movernos por la vida, cada vez de forma más autónoma.
Y lo hacen, como pueden, como saben, como son.
Los diferentes estilos de apego
Conocer nuestro estilo de apego, es un buen mapa de autoconocimiento, que seguro nos ayuda, a poner luz en algunas de nuestras dificultades, a la hora de relacionarnos con la intimidad, una vez adultos.
Existen los siguientes estilos: apego seguro, apego ansioso–ambivalente, apego evitativo, y apego desorganizado.
Las personas con un apego seguro, suelen tener una imagen positiva de sí mismas, y también de los demás. No temen a la intimidad, pueden buscar apoyo emocional, y también son capaces de darlo, en definitiva, lo deseable a la hora de relacionarse con un otro, y que, según las estadísticas, reúne a más del 50% de la población.
Las personas con un estilo de apego ansioso-ambivalente, pueden llegar a tener una imagen bastante negativa de sí mismas, y una más positiva de los demás. Buscan el apoyo del otro constantemente, y también su validación. Anhelan la intimidad, y viven un fuerte miedo al abandono. Aquí parece encontrarse un 20% de la población, aproximadamente.
En el apego evitativo, vemos a personas con dificultad para relacionarse con la intimidad, podríamos decir en este caso, que suelen tener una imagen más negativa de los demás que de sí mismos. Suelen ser emocionalmente distantes, y muy independientes, les causa rechazo mostrarse vulnerables y aceptar el apoyo emocional, así como brindarlo. Nuestros evasivos representan el 25% de la población.
Y, por último, el apego desorganizado, el menos común; aparece en un 3% de la población más o menos. Es un patrón contradictorio, que puede ir del ansioso al evitativo. Por un lado, tienen miedo al abandono, (ansioso), pero les cuesta relacionarse con la intimidad (evitativo), una contradicción que provoca mucho caos emocional, y, por lo tanto, sufrimiento.
Matizando antes de continuar
Además de nuestras experiencias con las figuras de apego principales (padres), las experiencias vitales que vamos transitando, moldean y modelan nuestra tendencia de origen, al crear vínculos significativos.
Una persona con apego ansioso, puede aprender a gestionar sus anhelos y necesidades de tal forma, que pase a ser un apego seguro. Un apego evitativo, puede tener una experiencia cuya huella sea tan fuerte que pase a comportarse como apego desorganizado, y un apego desorganizado, puede pasar a estar más en el modo ansioso, si lo que más se repite en su historia, tiene que ver con experimentar abandono.
Necesitamos al menos una figura de apego para sobrevivir, cuando venimos al mundo, es por eso, que las primeras figuras de apego, en la mayoría de los casos, son los padres.
Es importante, tomar todo esto como el mapa, no como el territorio. Todo puede flexibilizarse y transformarse, según vamos tomando conciencia de ello, y encontramos la manera de hacernos cargo, de nuestra forma de sentir.
Se pueden desaprender unas cosas, y se pueden ir aprendiendo otras…
Esto se alarga… sigue conmigo en la segunda parte…
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Muy interesante. Muchas gracias.
A ti ,por leer!